Todo lo auténtico alimenta la amistad

Testimonio de Margarita, voluntaria en el equipo Madre Teresa en Mar del Plata

Con este testimonio quiero contar la experiencia dentro del grupo Madre Teresa en la Gruta de Lourdes donde concurrimos hace dos años, acompañando a las abuelas, contando cuentos, jugando, pintando haciendo ejercicios breves de yoga y juegos para la memoria.
Sabíamos que Amalia, una señora Madrileña que vive en la gruta, no andaba muy bien , había decaído este último tiempo. Primero fue su andar lento, por los pasillos largos de la gruta, luego fue darle en la mano un bastón para ayudarla en ese caminar, hasta luego al final no sabemos si fue una acv o una infección urinaria o las dos cosas, así me lo dijo la cuidadora.
Cuando llegamos ese jueves no la vi, la empecé a buscar con la mirada y no la veía entre las otras señoras, me fui a buscarla a las camas tampoco la vi, entonces me fui a hablar con las cuidadoras .Y ahí me dijeron que Amalia se había descompensado muy mal, y que llamaron a la ambulancia pero no llego al hospital Amalia falleció en el camino.
Me quede impactada por la noticia, porque unos días antes había estado con ella, ya estaba en cama, y me había saludado y mirado con esos ojos color de cielo, me había reconocido, le acaricie su brazo y ella me dijo Vinisteis!
A Amalia la conocimos hace dos años en el Hogar, le llevábamos lana porque ella tejía muy bien hacia un punto de tejido como unos pancitos y hacia puloveres para chicos. Esto la ponía contenta tejer al lado de su roperito medio entre la luz débil de su habitación. Cuando llegábamos la llamábamos para que viniera con nosotras y dejaba todo y se venía con el grupo siempre muy animada.
Amalia no molestaba a las cuidadoras para nada, caminaba por el pasillo, sin llamar la atención. Siempre esperaba a sus hijos uno venía algunos días a visitarla, pero el otro vive en España. Cuando cumplió años la llevaron con sus familiares a festejarlo esto la había puesto muy contenta.
Amalia nos conocía por el nombre a todas y si no veníamos un jueves nos decía “El jueves no vinistes!” tenia buena memoria. Hicimos una linda amistad en estos dos años y siempre cuando nos íbamos nos acompañaba hasta la puerta.
No olvidaré a Amalia, por su amistad le estoy muy agradecida y tampoco olvidaré sus ojos color de cielo, y la bolsita que me regalo con su nombre la llevare entre mis cosas cuando vaya a la gruta.
Pienso que linda esta tarea de manos abiertas, que va mas allá de un servicio y que podemos ir haciendo lazos de amor y de amistad con las personas que están solas .
“Los amigos se alimentan de sentimientos auténticos, todo lo autentico alimenta la amistad”.

Margarita







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