Hogar Santa Ana y San Joaquín. Testimonio Patroncito.

Buenos Aires.

Ingresó al hogar hace 9 años, no tenía hijos y su pareja había fallecido perdiendo todo el sustento económico quedándose sola.

Le preguntamos: ¿Cómo te sentís?: “Bien por todo lo que recibo, por el lugar que es tan lindo.. a mí lo que me gusta es ayudar…en la cocina, en las tareas diarias y colaborar con la atención a los ancianos. Todos me respetan, los hombres y algunas mujeres…ya que algunas me tienen celos (jajaja)”

¿Siempre estás acá en el hogar? “No, a veces me invitan mis primas y mi sobrina. En el hogar soy muy querida, con las cuidadoras me llevo muy bien y las extraño cuando no están. A veces me invitan a pasar el día en otro lugar pero prefiero estar acá.

Por suerte tenemos una doctora que viene jueves y viernes y nos pone unas vacunas que necesitamos y nos controla a todos. Lo que más me gusta de la semana son los miércoles cuando rezamos con Kathy, una de las voluntarias. Además Lucía nos trae la comunión todos los domingos. Estoy muy agradecida a Manos Abiertas.”

Mercedes del Valle Giménez, 80 años


Hogar Santa Ana y San Joaquín. Testimonio Voluntario

Buenos Aires.

Comenzó como voluntaria hace tres meses e ingresó a Manos Abiertas a través de un aviso que vio publicado. Vive en Caseros y para llegar al Hogar, se toma un colectivo a Villa Adelina, de allí se toma un tren hasta Don Torcuato, y de allí otro colectivo…Dos horas de ida y dos horas de regreso. Asiste todos los viernes de 11 a 14.30hs

Le preguntamos si no le resulta pesado y ella nos cuenta: “No…me abrió los ojos a una realidad que yo desconocía, me toca mucho…me siento responsable de esa gente…yo fui pobre… viví en el campo… pero con dignidad…ahora lo que veo es pobreza en mi trayecto al Hogar pero no dignidad… el voluntariado es una enseñanza de vida.

Le preguntamos: ¿cómo te sentís en el hogar? “Me siento muy bien de servir a la gente, trato de entusiasmar a otras personas y contagiarlas. Cuando vengo acá siempre les traigo algo de casa, una torta, libros…los que a ellos les gusta y necesitan. Cuesta mucho llegar a ellos, hay que ver todo lo que ha pasado esta gente…son como niños egoístas, pero no se relacionan entre ellos.

Mi tarea en el Hogar es: servir la mesa, charlar, jugar a las cartas…busco la unión entre ellos.

Marina nos cuenta, que uno de los ancianos jugó al fútbol en Tigre…ella consiguió la historia del Club y se la trajo anillada (la consiguió por Internet); piensa algún día ir a Club Tigre a buscar el registro dónde figure los años que este anciano jugó en la 1era. Adicionalmente cuando no haga tanto frio lo invitará a ver un partido de Tigre con Carlitos.

“Los sirvo desde el sentimiento”, cuenta Marina… “Disfruto cuando los veo comer la torta que les traje…a la persona mayor le llegas con el cariño…

Tendría que haber empezado antes… pero nunca es tarde”…nos cuenta Marina.

Marina González Gómez, 76 años


Centro Beato Hurtado. Testimonio Patroncito.

Buenos Aires.

Yo soy Micaela. Tengo dos hijos, Manos Abiertas siempre me ayudó en todo, siempre que necesité. Siempre me atendieron bien, a mí, a mi mamá cuando estaba enferma, remedios, viáticos.

Participo en el grupo Pesebre desde su comienzo, desde que comenzó mi primer embarazo hasta ahora y aprendí muchas cosas que no sabía, siempre con Gloria, Emi e Isa que me trataron bien, me dieron lindos consejos. Estoy agradecida a todos los que componen la Fundación Manos Abiertas.

Yo estoy en Manos Abiertas desde que tenía 6 años , ahora tengo 20 años y siempre me ayudaron en todo, hasta me llevaron a pasear cuando era chica, y siempre me sentí agradecida por todo. ¡Muchas gracias de todo corazón!

Micaela Soledad Colasanti


Centro Beato Hurtado. Testimonio Voluntario

Buenos Aires.

Me llamo Mónica. En el año 2006 comencé a retirar mercadería que me daba la Fundación Manos Abiertas, también me compraban remedios tanto a mí como a mi esposo, nunca dijeron que no a nada. Sus corazones estaban unidos conmigo siempre hasta que en el año 2011 me quedé sin el compañero de toda mi vida. No podía soportar su ausencia pero me ayudo una gran persona, Gaby, quien me dijo “vení a ayudarnos acá, te va a hacer bien, no te encierres en tu casa”. Mi hijo me dijo también “andá mamá”…y así lo hice, y de a poco estoy saliendo adelante.

Al ayudar a otras personas en el centro Beato Hurtado, estoy aprendiendo muchas cosas que me hacen crecer como persona. Esta obra de la Fundacion Manos Abiertas, la que tiene su nombre muy bien puesto, porque abre sus manos incondicionalmente a todo el que lo necesita.

Moralmente y espiritualmente me han ayudado mucho todas los voluntarios que componen esta Fundación, estoy feliz de poder ser parte de ella, me gusta lo que hago para qué y porqué lo hago.

Gracias a todos ustedes, mi vida ha dado un vuelco para bien, estoy eternamente agradecida con todo mí ser.

Moni